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Marcelo Gálvez es un médico radiólogo iquiqueño que en la actualidad se desempeña como jefe del Centro de Innovación de Clínica Las Condes. Junto a un equipo de ingenieros creó una herramienta de inteligencia artificial que permite detectar, a través de una imagen donde se aprecie la radiografía de tórax, si el paciente presenta o no patrones de Covid19.

La herramienta, que ayuda a la toma de decisiones del equipo médico, da respuesta en 20 segundos y tiene un 93% de efectividad. Es gratuita y está disponible para toda la comunidad médica. Para acceder a su uso, los profesionales de la salud interesados en utilizarla deben ingresar a https://www.covidetector.net/#/

«Con imágenes de pacientes nuestros, con y sin Covid, alimentamos un software de inteligencia artificial que nosotros hicimos. Luego le pedimos a la máquina que fuera seleccionando cuáles rayos X se parecen y cuáles no se parecen a los de pacientes enfermos de Covid. Con diferentes algoritmos lo que hace es buscar similitudes o patrones en las imágenes. Y al final te dice si la imagen se parece o no a las imágenes de pacientes enfermos», explicó el radiólogo iquiqueño al diario Las Últimas Noticias, hermano del secretario regional del Colegio Médico Iquique y jefe de la UCI del hospital regional, Dr. Roberto Gálvez.

Este viernes 25 de noviembre, el Dr. Eduardo Olguín lanzará su libro “Memorias de un Médico Iquiqueño”, en las dependencias del Colegio Médico de Iquique. Un texto lleno de vivencias y testimonios inspiradores, en donde el galeno narra sus experiencias profesionales, gremiales, docentes, y en el que además da testimonio personal como médico legista en los hallazgos de las personas fusiladas clandestinamente en Pisagua. El libro, cuya editora es Ximena Veloso, será presentado gracias al Programa Fondos Concursables del Colmed Chile. Aquí un adelanto.

¿De qué se trata el libro “Memorias de un Médico Iquiqueño”?

Trata de testimonios y vivencias de un médico que como muchos otros, ha vivido y desarrollado su profesión en lugares lejanos de la capital de Chile, concretamente en la ciudad de Iquique, de la cual soy nativo. En nuestro país prima el centralismo por ello este libro pretende dar a conocer experiencias de vida importantes de un médico de provincia, desde la perspectiva asistencial y ética de un médico colegiado con 40 años de ejercicio profesional en el servicio público chileno, y sus implicancias para asumir y enfrentar el desarrollo de la medicina clínica en el Norte Grande de Chile, específicamente en la Región de Tarapacá, muy postergada en este trascendental aspecto.

Se trata de un texto escrito en 10 Capítulos en el que narro la trayectoria vital de mi persona, ligada íntimamente a la generación nortina estudiantil y profesional que me ha correspondido integrar y pertenecer. Narro allí mis experiencias de niño nacido y criado en Iquique, y adolescente provinciano del Iquique pre-Zofri; de alumno del Liceo de Hombres, de estudiante universitario en la entonces mítica Universidad de Concepción -a comienzos de los años setenta-, en la que pude estudiar con la beca “Enrique Molina Garmendia” por mi buen rendimiento escolar, dando cuenta de los períodos políticos que vivía Chile durante esa época. Cuento también mis experiencias de joven médico general de zona en el sur de Chile, en el pueblo minero de Curanilahue, y de médico becado en formación de especialista en cirugía infantil y medicina legal en Santiago, ya en época de Pinochet. Continúo con el relato de mi retorno a mi ciudad natal, Iquique, laborando en el querido Hospital Ernesto Torres Galdames e integrando el Colegio Médico Regional como secretario y luego como presidente, formando parte de la Asamblea de la Civilidad en la lucha contra la terrible dictadura imperante entonces en el país, como apoderado del No. Doy testimonio personal como médico legista en los hallazgos de las personas fusiladas clandestinamente en Pisagua. Prosigo relatando mis experiencias como director del Hospital de Iquique, en la que lideramos con los Drs. Oscar González, Ramsés Aguirre y Gastón Pavés, la campaña para la compra del primer escáner hospitalario, y más tarde mi desempeño como tutor docente de la desaparecida escuela de medicina de la Universidad del Mar sede Iquique, en la que logramos junto con los Drs. Adriana Tapia, Marcos Jara, Ricardo Reyes y Alfonso Salgado, formar alrededor de 60 médicos generales para nuestra provincia. Por último narro como gozador actual de la vida playera en Cavancha, para finalmente contar como hemos constituido un entusiasta grupo de profesionales que actualmente impulsa la creación de una Escuela de Medicina en Iquique como matriz futura para la formación de los médicos generales y especialistas que necesita la salud pública de Tarapacá.

¿Desde cuándo comenzó a escribirlo y por qué decidió hacer este registro?

Este testimonio escrito decidí hacerlo hace aproximadamente dos años. Las motivaciones son varias: por un lado dejar registro de la rica experiencia de vida acumulada en cuatro etapas diferentes de la historia de nuestro país: el período republicano y reformista de Frei, el de la revolución de empanadas y vino tinto de Allende, el de la dictadura de Pinochet, y el retorno de la democracia.

Estimo que mi generación debe orientar a las nuevas generaciones con sabiduría, cordura y valores éticos, valorando lo logrado para mejorarlo con nuevos progresos, a fin de enriquecer el impulso creador de los jóvenes. También me motiva contar la importancia del esfuerzo familiar, mi abuelo Segundo fue obrero de las salitreras, apenas sabía leer y escribir, mi padre fue empleado y por su esfuerzo llegó a ser contador, y gracias a ellos,  logré ser profesional de la medicina. Destaco en el libro varios ejemplos de otros colegas y de otras personas amigas y conocidas, que son todos ellos frutos de esfuerzo familiar, en los que se puede hablar de meritocracia.

¿Cuál es el valor histórico de su libro Dr. Olguín?

Creo que no sería adecuado que yo le asignara a mi libro un valor histórico, pues más bien son testimonios y opiniones muy personales, y como todo juicio de valor pueden ser equivocados. Mi aspiración es que sean leídos y analizados y que no sean hirientes con quienes pudieran ser mis eventuales lectores.

Usted ha pasado por distintas áreas de la medicina: MGZ, hospital, Médico Legal, Director de Hospital, Académico en la universidad, ¿Cuáles han sido las mejores etapas? ¿En cuál se ha sentido más pleno?

La medicina es una profesión vocacional muy hermosa, de mucho trabajo social y humano. Cada una de las etapas que Ud. menciona ha sido para mí muy formadora: el trabajar con gente modesta y humilde, me ha enseñado a ser sencillo. El haber laborado haciendo peritajes forenses ha complementado mi formación médica clínica. El haber tenido la oportunidad de dirigir nuestro Hospital me ha dado una visión institucional, lo cual ha contribuido al trabajo en equipo sanitario.

Y he dejado para el final de esta respuesta la academia, pues justamente es una de las que más me ha llenado y llena: mi padre fue profesor de contabilidad y algo de su vocación docente llevo en mi persona. Enseñar a estudiantes de medicina es muy enriquecedor, pues los jóvenes traen la irreverencia y el entusiasmo necesarios para renovar el conocimiento, y en el campo nuestro, la medicina clínica, lograr elevar el nivel de nuestra salud pública.

Desde la vereda del gremialismo, ¿cómo describiría su labor como presidente del Consejo Regional Iquique del Colegio Médico?

Fui presidente del COLMED Iquique en un momento crucial, en el retorno a la democracia. Fueron momentos difíciles. Por otro lado nuestro gremio es diverso, formado por médicos de diversas especialidades, algunos trabajan en el hospital, otros en consultorios, otros son generales de zona, otros sólo laboran en la medicina privada, otros hacen turnos de urgencia, etc. Entonces a veces sus problemáticas son variadas. Mis colegas tienen la palabra mejor que nadie para juzgarme durante el período en que los presidí, aunque puedo decir, sin falsa modestia, que fui elegido como Mejor Compañero por el Colegio Médico Regional en aquellos años.

Actualmente continúo colaborando con las directivas regionales del COLMED en el Tribunal de Etica Médica, que muy bien preside el Dr. Iván Marín.

Usted ha tenido una alta participación en labores comunitarias, ¿Qué lo ha motivado a participar de éstas?

La motivación es vocacional y social, puesto que esa ética ha guiado mi formación como ciudadano y como médico.

En su título está presente el concepto de “médico iquiqueño”, ¿el médico de esta ciudad tiene alguna característica en particular que los diferencie de los galenos del resto del país?

No. Contamos con un numeroso grupo de médicos nativos de excelente calidad profesional y ética. No doy nombres para que ninguno se me quede injustamente en el tintero, pero también contamos con un importante número de médicos “nacionalizados iquiqueños”, de igual calidad profesional y ética. Digo “nacionalizados” porque ya forman parte de nuestros profesionales arraigados en Iquique, pues han terminado quedándose definitivamente en Tarapacá ejerciendo la medicina.

¿Cómo calificaría a la medicina iquiqueña? ¿Qué cosas positivas podría destacar? ¿Qué aspectos negativos le gustaría corregir?

Como positivo destaco que la medicina asistencial iquiqueña es de un excelente nivel, los médicos tienen una excelente formación. Los médicos hemos logrado pese a las limitaciones institucionales, desarrollar tecnología moderna. El hospital cuenta con UTI pediátrica, UTI de adultos, UTI Neonatal, endoscopía digestiva y urológica, laparoscopía quirúrgica, litotripsia, escáner, resonador magnético, etc.

En el aspecto que hay que mejorar es que nos hemos quedado en lo puramente asistencial, nos falta desarrollar la docencia, la academia. Una distinguida catedrática, ex decana de medicina de la Universidad de Chile, e iquiqueña de nacimiento, la Dra. Cecilia Sepúlveda, ha señalado con claridad: “un servicio de salud, sus hospitales y consultorios, no son lo mismo con Escuela de Medicina que sin Escuela de Medicina, pues la relación docente-asistencial es muy enriquecedora”. Y yo agregaría, muy modestamente, que no solo lo es para el servicio de salud de una región, sino que para las ciudades, en este caso Iquique y Alto Hospicio, y para toda la región de Tarapacá.

¿Cuáles son los aportes que espera dejar a los médicos locales y a los lectores en general a través de “Memorias de un Médico Iquiqueño”?

En primer lugar mostrar un ejemplo real de cómo la educación de calidad va posibilitando el progreso familiar. Además esperamos -y hablo en nosotros, puesto que lo expresado en mis escritos en este tema no es un concepto individual en absoluto- poner en el tapete definitivamente como tarea de Estado, transversal y ciudadana, nuestro hermoso objetivo de contar a la brevedad con una Escuela de Medicina en Iquique, que no solamente forme nuestros médicos generales, sino que cuente y desarrolle una oficina de post grado muy activa y relacionada, para que en convenios con Escuelas de Medicina del Centro-Sur de Chile forme nuestros futuros médicos especialistas necesarios para Tarapacá. Así justamente lo han llevado a cabo desde hace varios años las Escuelas de Medicina de Talca, de Valdivia, de Concepción, etc. Las ciudades de Antofagasta y Arica ya tienen Escuela de Medicina, e Iquique, ¿cuándo?

Todo este sueño no solamente es tarea de los médicos locales, es de las universidades, de los políticos, de las autoridades regionales, de los futuros parlamentarios y hasta de los presidentes, pues el Norte Grande, un tercio de la geografía chilena, es el gran olvidado en el desarrollo universitario superior ¡Queremos Escuela de Medicina ahora ya!

Para finalizar, ¿cómo se definiría como profesional de la medicina y cuáles son las 3 principales características que debe tener todo médico?

En toda mi vida profesional he tratado de actuar en forma muy humana, con mucho respeto y dedicación con mis pacientes. Las tres características que destaco son: vocación, ética y rigor.

Por último, ¿a quiénes les gustaría agradecer en este importante momento?

Obviamente a toda mi familia, en particular a mi abuelo Segundo quien me marcó en toda mi niñez y juventud, y lógicamente a Ximena, con quien he compartido una vida. A mis maestros de infancia, juventud y adultez, tanto en el querido Liceo de Hombres como en la inolvidable Escuela de Medicina de Concepción.

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